Miércoles de agradecimiento: Gracias al verano que vino y se fue

Agradecida por un verano que al principio se veía tan largo… tan incierto, tan sin planes. 

Recuerdo esas semanas previas al último día de clases. No podía dejar de pensar qué me iba a inventar para mantenernos ocupados, cómo íbamos a pasar tantos días sin una rutina fija, buscando en internet actividades para hacer con los niños, ideas caseras, juegos creativos, manualidades… convenciéndome de que podíamos manejarlo sin campamento todas las semanas.

Y, como siempre pasa, las cosas se fueron acomodando. El verano de alguna manera fue tomando su propio ritmo. Creamos rutinas “on the go”, algunas semanas con campamento, otras con dormidas hasta tarde y desayunos al mediodía, algunos días se pasaron enteros en pijamas, y otros yo misma me complicaba la vida corriendo de una actividad a otra. 

Maniobrando entre trabajo remoto y estar con los niños, buscaba pequeños espacios para sacarlos al parque de la esquina, para montar bicicletas sin importar el calor pegostoso o que el sol estuviera en su máxima expresión. Cuando sentíamos que necesitábamos cambiar de escenario nos montábamos en las bicis, dábamos la vuelta a la manzana en pijama, con el pelo despeinado… pero felices.

Hubo tardes con olor a galletas recién horneadas… aunque terminaron siendo un desastre, a veces un poco quemadas, sin forma y pegadas a la bandeja. Los waffles nos tomaron varios intentos hasta que finalmente salieron ricos, pero con cada prueba gozamos, y encontramos excusas para seguir probando. 

También tuvimos mañanas en la que los Lego invadían la mesa del comedor, noches en las que nos quedamos viendo tele hasta la medianoche. Y obviamente no faltaron los momentos caóticos, peleas por quién tenía más helado, planes que se cancelaron, días en los que el cansancio me ganaba, y la paciencia se agotaba… pero incluso esos días disfruté.

Hoy quiero dar Gracias a este verano porque me sorprendió. Me sentí más presente, más conectada con cada instante. Me permití hacer pausas que antes me parecían imposibles, y me recordó que no hace falta que todo salga perfecto para que lo disfrutemos.

Gracias a este verano por las risas, las caminatas al atardecer, las mañanas lentas, los cafecitos en silencio y las conversaciones entre juegos de mesa. Gracias porque, aunque no comenzó como lo había planeado, me encantó. Trajo consigo nuevas lecciones, recordatorios de que lo sencillo es lo que más llena, y sobre todo de que el tiempo juntos es el verdadero lujo.

Gracias al verano que se fue, pero que me dejó con el corazón lleno… y con la energía lista para comenzar una nueva rutina en este año escolar.

Gracias por leerme

Melli

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ESP