Cómo una llamada nos convirtió en padres: nuestra historia de adopción

Hay momentos que cambian la vida para siempre. El nuestro llegó con una llamada telefónica un jueves cualquiera. Mi esposo había ido a buscarme al trabajo y, como de costumbre, íbamos camino a casa. Cuando de repente, sonó mi celular: era la agencia de adopción. Con el corazón acelerado, contesté.

Del otro lado de la llamada estaban la directora de la agencia y nuestra trabajadora social. Cuando me preguntaron si estaba con mi esposo, supe que nuestras vidas estaban a punto de cambiar. Sin decir una palabra, mi lenguaje corporal me delató, y mi esposo captó el mensaje: algo importante estaba por suceder. Puse la llamada en speaker…

Nos dijeron que una mamá biológica había visto nuestro video… y nos había escogido. A partir de ese momento, mi mente se nubló. Deje de escuchar por un momento, todo se volvió borroso. Recuerdo estar mirando por la ventana del carro, viendo la carretera y los otros carros pasar., el lugar exacto donde estábamos, la sensación que sentía por dentro. Pero no logró recordar la conversación completa, solo recuerdo que nos dijeron que enviarían los detalles por correo electrónico.

Sin pensarlo mucho, le dije a mi esposo que fuéramos directo a casa de mis papás. Nos estacionamos, me bajé corriendo y fui directo a abrazar a mi mamá. No tenía muchos datos para contarle, pero necesitaba un abrazo de ella y sabía que ella también estaba esperando la llamada tanto como nosotros. Al día siguiente era el cumpleaños de mi papá, a él no le dijimos nada, decidimos que la noticia fuera su regalo de cumpleaños.

Ahí mismo nos fuimos a casa y nos enfocamos en leer cada detalle del correo electrónico. Este incluía la información médica de la mamá biológica: detalles sobre el embarazo, condiciones médicas de ella y sus familiares cercanos, y también el contrato con el detalle de los gastos estimados asociados al proceso. 

Teníamos 24 horas para aceptar o rechazar el match. La verdad no había mucho que pensar, a pesar que teníamos planificado que este proceso nos daría alrededor de un año para prepararnos (te cuento más sobre eso aquí), 3 meses después de la cita inicial ya teníamos una fecha más concreta. Así que esa misma noche firmamos los documentos.

Entre emociones y sorpresas

Mientras leíamos el contrato, recibimos una llamada de la trabajadora social, quien nos contó con más detalle cómo había sido el encuentro. La mamá biológica había visto nuestro video y una de las cosas que más le gustó fue que veníamos de una familia latina, unida y numerosa. También mencionó que le encantó la canción que usamos en el video, una que habla de nuevos comienzos. 🎧 Puedes escucharla aqui.

Nosotros no conocíamos antes esa canción, pero la encontramos cuando estábamos haciendo el video, y nos encantó.

Al final de la llamada nos dijo que el bebé tenía fecha de nacimiento para mediados de octubre… y que sería un varón. Nosotros ya teníamos el nombre escogido desde que empezamos a soñar con nuestra familia (te cuento más sobre eso aquí), así que esa noche solo nos dedicamos a imaginar cómo sería su carita, como sería tenerlo con nosotros. 

Llamé a mi mamá para contarle y me dijo: “Ay, hija, ¡qué bien, otro varoncito!”. Mi hermana tenía dos niños y el hermano de mi esposo también tenía un niño, pero no había niñas en ningún lado de la familia.

Cambio de planes (¡es una niña!)

Al día siguiente muy temprano en la mañana, recibí otra llamada de la trabajadora social. Esta vez, muy apenada, me pidió disculpas: había un malentendido. Mi corazón se detuvo por un momento, entonces ella me dijo “Me equivoque, es una niña, espero que esto no cambie su decisión”. Respire y me reí y le contesté que para nada, no había problema alguno; fuera niña o niño, nosotros estábamos felices. De hecho, le dije, que el plan siempre ha sido la parejita, así que si venían los dos de una vez mejor todavía.

Antes de ir al trabajo pasé por casa de mi mamá para darle la noticia en persona. Sabía que ella soñaba con tener una nieta. La expresión de felicidad en su rostro todavía la tengo grabada en mi mente. Y ya ahí, le dijimos a mi papá que su regalo de cumpleaños venía en camino, con lazos y muñecas incluidos.

A decir verdad, queríamos contárselo a todo el mundo. Y a pesar de que compartimos la noticia con nuestros seres queridos más cercanos, también queríamos ser prudentes. El proceso de adopción era algo nuevo en nuestro círculo, no todos entendían la complejidad del proceso y siempre existía la posibilidad de que la mamá biológica cambiara de parecer. 

Entonces recordé un consejo que leí una vez: “A todas las personas a quienes les cuentes la buena noticia, al doble tendrás que contarles si no se te da”.

Un mensaje desde el cielo

En esos días, me llamó un primo que no sabía nada, para contarme que había tenido un sueño en el que nuestra abuela (que había fallecido cuando yo tenía dos años), le había dicho que yo iba a tener una niña. Él sabía que estábamos buscando formar una familia, pero desconocía que estábamos en medio del proceso de adopción. 

Nuestra abuela había fallecido el mes de octubre, el mismo mes en que nacería nuestra hija. Supe entonces que era una señal. Nuestra bebé llevaría su nombre como segundo nombre.

La cita a ciegas que cambiaría nuestras vidas

La semana siguiente de esa llamada, viajamos a Venezuela para asistir a la boda del hermano de mi esposo. Allí compartimos la noticia con la familia de mi esposo. Recuerdo que mi suegro me dijo una frase como: “¿Sabias que son los hijos quienes escogen a sus padres? Ellos siempre buscan el camino para llegar”. Me pareció una frase muy linda, todavía recuerdo ese momento.

Un par de días después de nuestro regreso, teníamos la cita para conocer a la mamá biológica. Se sentía como una cita a ciegas. Estaba tan nerviosa que no sabía qué decir ni qué ponerme. Nos reunimos para desayunar junto a la trabajadora social. 

Para mi sorpresa, todo fluyó muy natural. Hablamos de todo un poco, respondimos preguntas, les contamos de nuestros planes como padres y compartimos emociones mutuas. Ella nos confesó que al ver nuestro video sintió que esta bebé siempre estuvo destinada para nosotros. En ese momento también me comentó que le gustaría que yo estuviera presente en el parto. Yo por supuesto, le dije que sí sin pensarlo. 

Fue una conversación cálida, sincera y esperanzadora. Este primer encuentro fue la segunda semana de agosto, un martes.

Dos semanas después en camino al hospital

Exactamente dos semanas después, recibimos una foto del eco de 32 semanas. Todo parecía estar bien, pero ese mismo día, alrededor de las 4 de la tarde, recibí una llamada urgente de la trabajadora social. La mamá biológica tenía una complicación y se dirigía al hospital. Nuestra bebé nacería ese mismo día. Nos recomendó salir de inmediato; el hospital estaba a dos horas de camino.

Corrí como nunca hacia el trabajo de esposo, quedaba como a 1 kilómetro de mi oficina, no sé por qué pero en lugar de llamarlo, salí corriendo hacia él. Al llegar como pude, sin respiración, y sin lograr que me salieran las palabras de la emoción, le comuniqué que nuestra hija venía en camino. Enseguida nos fuimos a casa, recogimos algo de ropa, pasamos recogiendo a mi mamá y tomamos carretera.

Un gesto lleno de amor

Cuando íbamos a mitad de camino, recibí una llamada de un número desconocido. Era la mamá biológica. Me preguntó si ya íbamos de camino, y me dijo que ella ya estaba en el hospital lista para la cesárea, que estaban esperando que llegáramos y que había dado instrucciones al hospital para que me dejaran entrar para estar con ella. Yo no tenía palabras. Solo le agradecí desde lo más profundo de mi corazón, y le dije que ya casi llegábamos.

Llegamos al hospital alrededor de las 7 p.m. Una vez más corrí, esta vez dentro del hospital sin encontrar información clara. Mi esposo y mi mamá me encontraron justo cuando una enfermera vino a hablar conmigo. No pudieron seguir esperando, ya la bebe había nacido.

Entonces le pedimos que nos llevaran a ver a la mamá biológica. Al entrar a la habitación lo primero que me preguntó fue: “¿Ya viste a tu niña?”. Me acerqué a ella, le tomé la mano y con mucha emoción le respondí que no todavía, que primero queríamos saber cómo se sentía ella.

Cuando conocimos a nuestra hija

Salimos de la habitación y nos llevaron al centro de cuidados intensivos neonatales. Allí estaba mi bebé, pequeñita, dentro de una incubadora. Había nacido sana, pero necesitaba quedarse unas semanas para desarrollarse un poco más. Las enfermeras nos informaron que permanecería en el hospital al menos cuatro semanas.

A decir verdad era como si estuviera soñando. Me sentía llena de amor, gratitud, y también con una avalancha de emociones por dentro. 

Esa noche en ese hospital había nacido la personita que cambiaría nuestras vidas, la que vino a hacer nuestro sueño más grande realidad.

Lo que yo no sabía era la montaña rusa de emociones que serían las siguientes 48 horas…

Gracias por leerme.

Melli

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Comentarios

  1. Siempre en nuestra familia de una u otra forma hemos estado en procesos de adopcion, mis padres siempre criaron y ayudaron a muchos niños en su crecimiento, hasta uno de ellos se hizo doctor en el Universitario, cuando me dijistes que ibas a comenzar un proceso de adopcion me paso por la mente cuando mi padres ayudaban a criar otros niños, heredaste lo de tus abuelos con la única diferencia que si son tus hijos , no hijos del amigo o del compadre que ayudas a criar,. Resumiendo, todo esto años he vivido junto a ti la felicidad de verte convertida en toda una mama formando una familia extraordinaria. Tqm

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