Dijimos “sí, aceptamos”… frente al juez

Pasaron cinco meses desde aquel martes en que recibimos la llamada que nos haría correr al hospital, la que nos anunció el nacimiento de nuestra hija (te cuento sobre eso aquí), hasta el día en que teníamos la cita en la corte para sentarnos frente al juez.

Cinco meses de adaptación, de conocernos como padres individuales, de aprender esta nueva dinámica de pareja con una bebé, de preguntas internas y externas, de conocer otro tipo de cansancio… y de descubrir un nuevo significado del amor, ese que hace que tu propio yo pase a segundo plano, porque por primera vez existe alguien en el mundo que toma prioridad, que depende de ti.

Nuestros primeros meses como familia

Esos primeros meses en casa se sentían irreales. Todo lo que había pasado el mes anterior parecía un cuento. La primera semana nos costó un poco soltar la rutina del touch time. Es verdad que la cargamos casi todo el tiempo encima, estilo kangaroo; el baby carrier se volvió indispensable.

Ya no habían máquinas, ni alarmas, ni batas. Solo estábamos nosotros tres y nuestra perrita en casa. Pero, de alguna manera, esa primera semana seguíamos midiéndole la barriguita, tomándole la temperatura, y cuando dormía nos quedábamos mirándola, viendo si respiraba.

Fueron meses de mucho aprendizaje. Aprendiendo su ritmo, descifrando cada uno de sus sonidos, sus necesidades. Y supongo, como cualquier mamá primeriza, también conociéndome a mí misma, preguntándome si lo estaba haciendo bien, aprendiendo a escuchar ese instinto maternal que te va hablando, implementando rutinas y procesos que antes ni imaginábamos, y re descubriéndonos como pareja en esta nueva etapa. Aprendiendo a balancear el tiempo entre ser padres, ser esposos y seguir siendo nosotros mismos.

Recuerdo que al principio tuve que aprender a manejar el hecho de que mi esposo es un padre muy involucrado y comprometido. Mi abuela me decía la suerte que tenía de que él cambiaba pañales y daba tetero, que eso no se veía en sus tiempos. Y yo lo veía súper normal, la hija era de los dos… Pero sí me molestaba un poco que, en ocasiones, cuando teníamos diferencias tontas acerca de la bebé, una parte de mí deseaba que no fuera tan involucrado.

Como por ejemplo, con el tema de la alimentación. Tuvimos la bendición de que mi hermana nos donó leche materna para la bebé. Nuestra hija, después de salir del NICU, tomó exclusivamente leche materna durante los primeros tres meses, y su crecimiento fue increíble. Mi hermana, cuando nos veíamos durante el día, la amamantaba, y en la noche nosotros descongelábamos la leche que nos había donado y se la dábamos en el tetero.

Bueno, en esas madrugadas de cansancio, donde uno está entre dormido y despierto, recuerdo que mi esposo y yo siempre teníamos diferencias sobre qué tan caliente debía estar la leche. Y yo en esos momentos pensaba: “¿Por qué se despierta? Que me deje a mí, y que él siga durmiendo. Yo soy la mamá”… Tres años después, con nuestro segundo hijo, la rutina fue diferente y mi conversación interna también. Y yo solo pensaba: “Que se despierte… también es su hijo”.

La última visita del home study

Recuerdo que nuestra primera visita fue unas semanas después del nacimiento, como la bebe nació prematura esa visita de la trabajadora social fue en el hospital, estuvimos hablando un poco de cómo nos sentíamos como padres y como era la rutina con la bebe, pero en ese momento no había mucho que contar pues seguiamos en el NICU y la interacción con la bebe no era al 100% solo nosotros.

Pero esta vez, la última visita fue cuando ya teníamos unas semanas en casa. La idea de esta visita era ver como nos estábamos adaptando como familia, contarle de nuestras visitas al pediatra, cómo ha ido su desarrollo y presenciar cómo nos desenvolviamos con la bebe y la bebe con nosotros. 

Recuerdo que nos sentarnos a hablar en una especie de entrevista/terapia, no se como explicarlo, pero es una de esas entrevistas en las que te desahogas, pero de alguna manera no puedes evitar pensar dos veces cómo vas a expresarte para que no suene diferente a lo que quieres decir. 

Fue un cierre un poco emocional. Le agarre mucho cariño a nuestra trabajadora social, ella nos acompañó desde el principio del proceso, sabia nuestra historia y compartió con nosotros la ilusión de este camino, pero no voy a negar que estaba muy contenta de saber que era nuestra última visita.

Los comentarios de la gente

Al principio no mucha gente sabía de nuestro proceso, y cuando llegó nuestra bebe contamos con la bendición de recibir mucho amor de todos nuestros conocidos, pero esto también abrió la puerta a comentarios y conversaciones. Algunas hermosas, otras un poco incómodas.

La reacción más común era preguntar con genuina curiosidad, queriendo entender cómo había sido todo. Otras veces, sin saberlo, y estoy segura que sin intención decían cosas que me molestaban. 

Como por ejemplo:

“Ya verás, ahora que adoptaron seguro te embarazas y podrás tener tu bebé propio.”

Yo respondía con una sonrisa, pero con una molestia silenciosa: “Ya tengo mi bebé propia.”

Otra muy común era:

“¿Y por qué no pueden tener hijos? Deberías haber intentado tratamientos de infertilidad.”

Y yo pensaba: Eso no es problema tuyo… Pero respiraba profundo y decía: “A nosotros nos gustó más este camino.”

Así tengo muchísimas historias y comentarios, que se que no eran con mala intención, pero que me dieron a entender que parte de mi proceso sería también educar un poco, tratar de cambiar la narrativa, entender que los que no pasaron por mi proceso no lo ven como yo, y querer de alguna manera enseñar que la adopción no es una última opción, es una manera hermosa de formar una familia que nace del amor.

Nos sentamos frente al juez

Y finalmente llegó el día. Era la primera vez que íbamos a la corte, una experiencia totalmente nueva. Fuimos acompañados por nuestro abogado y mi familia. Entramos a una sala dimos nuestra información y nos sentamos a esperar nuestro turno. Con una mezcla entre nervios y emoción, tratando de captar el momento y dar tetero a la misma vez.

Después de unos 30 minutos, nos llamaron. Entramos todos. Nos sentamos alrededor de una mesa grande, nosotros a un lado, nuestra familia al otro, y la jueza al frente.

Ella comenzó a hablar. Dijo lo mucho que le gustaba recibir estos casos. Nos explicó que la adopción es para siempre, nos leyó unos artículos… y entonces no preguntó:

“¿Ustedes aceptan a esta bebé como su hija para toda la vida?”

Con los ojos aguados y un nudo en la garganta, respondimos:

“Sí, aceptamos.”

Entre aplausos y lágrimas firmamos los documentos. Fue un momento tan emocionante. Nosotros ya habíamos aceptado ser familia desde aquella primera cita a la agencia, y luego lo reafirmamos aquella noche que la conocimos en el NICU, el primer instante en que la vimos. 

Ella era nuestra hija, y la amaríamos toda la vida. No necesitábamos un dictamen de un juez para sentirlo, pero tenerlo culminaba todo este proceso legal y nos daba una paz increíble. Una que, al final, le pone como un sello a todo este proceso que comenzó con una decisión basada en el amor incondicional.

De Mayo a Enero: elegimos el amor, una y otra vez

Desde aquella conversación en mayo, (te cuento mas sobre eso aqui) cuando decidimos emprender el camino de la adopción, hasta ese enero en que nos sentamos frente al juez, vivimos una historia que nos transformó, que nos enseñó tanto, y que nos hizo realidad nuestro sueño de ser padres. 

No fue un camino lineal, ni fácil, pero sí lleno de amor. Toda la espera, la incertidumbre, la llamada que nos cambió la vida, los días en el hospital, los silencios compartidos, los desvelos, las primeras sonrisas, las preguntas de otras personas, y las respuestas que fuimos encontrando a medida que navegabamos este camino. 

No las cambiara por nada.

Gracias por leerme

Melli

Un cafecito y algo bonito en tu inbox


Si este mensaje tocó tu corazón, tal vez también pueda tocar el corazón de alguien más. Compártelo con esa persona que sabes que lo necesita. Hay momentos en que unas palabras pueden sentirse como un abrazo. ✨

ESP