Las primeras 48 horas: entre NICU, adopción y sentimientos

Amor a primera vista

Nuestra bebé nació antes de la fecha programada, apenas nació la llevaron al centro de cuidados neonatales (conocido como NICU en Estados Unidos). Cuando llegamos nos explicaron los procedimientos: lavarnos las manos por 3 minutos con jabón especial, desinfectar el celular y entrar con bata quirúrgica. Luego nos llevaron a donde estaba ella.

Y ahí la vimos dentro de la incubadora, dormidita boca arriba, tenía varios monitores conectados y los ojitos tapaditos como con una antifaz de esos para dormir pero versión miniatura. Nos informaron que no podíamos sacarla de la incubadora, pero sí nos permitieron meter la mano por un huequito y acariciarla. Tenía la piel tan suavecita y delicada.

La enfermera nos explicó que la bebé, a pesar de haber nacido de 32 semanas y 3 días, ya tenía sus pulmones desarrollados. Y eso era muy buena noticia. El resto de sus órganos también estaban bien. En realidad solo había que esperar que creciera un poco más, que agarrara peso y terminará de desarrollar otras cositas, como regular su temperatura y aprender a comer, pero lo vital estaba bien.

Nosotros escuchábamos atentos, pero a decir verdad en ese momento solo estábamos enfocados en mirar a esa pequeñita que tanto habíamos esperado. Cómo respiraba, como se veía tan tranquila, tan bella, tan de verdad.

Entre el cansancio y el desvelo del corazón

Estuvimos como una hora con ella y luego nos fuimos al hotel a descansar. Recuerdo que la noche se me hizo larguísima. A pesar de haber vivido una tarde única, llena de emociones, y que en teoría debería haber estado agotada, la emoción no me dejó dormir. Daba vueltas en la cama chequeando el reloj y deseando que amaneciera rápido para volver a verla.

En medio del desvelo, me entró como una sensación de desconocimiento, y es que caí en cuenta que me había instruido con libros y artículos acerca de la adopción, pero no tenía idea acerca de los bebés prematuros. Entonces para variar me puse a investigar, a llenarme de información de cómo era tener un bebé prematuro y me terminé comprando un libro que se convirtió en mi enciclopedia de ahí en adelante.

Un regalo para la mamá biológica

Finalmente amaneció, nos arreglamos, bajamos a desayunar en el Buffett del hotel y ya estábamos listos para ir al hospital. En el camino hicimos una pequeña parada en una tienda porque queríamos llevarle un regalito a la mamá biológica. Al llegar al hospital fuimos directo a verla y a entregarle su regalo. Ella se contentó mucho al vernos.

Sin perder tiempo nos fuimos a ver a la bebe, para que mi esposo y mi mamá la vieran antes de irse. Por esas casualidades de la vida, mi suegra hacía escala en Miami ese día, era un viaje de esos relámpagos, así que mi esposo tenía que ir a recogerla al aeropuerto para traerla a conocer a la bebé. Mi mamá debía volver al trabajo, así que ambos me dejaron en el hospital y salieron de regreso a casa.

Los acompañé hasta el estacionamiento y me despedí tranquila. En ese momento no tenía idea de cuánto los iba a necesitar conmigo ese día.

Del estacionamiento, me fui directo al NICU. El hospital tenía una política para el “touch time” de los bebés en cuidados intensivos, después de ese tiempo yo me iba y en los intervalos bajaba a visitar a la mamá biológica.

Bajaba a su habitación y la acompañaba, me sentaba en la silla cerca de la ventana, y estaba ahí con ella por si necesitaba algo. Conversábamos un poco, también vimos televisión… nos hicimos compañía mutuamente.

Llegó un momento en que llegué a desasociar una cosa de la otra. No sé cómo explicarlo. Pero para mí, en el piso de arriba estaba mi hija recién nacida en una incubadora. Y en el piso de abajo, visitaba a una amiga que estaba hospitalizada. Algo así sentía yo.

Mi mayor miedo: que un “no” en un formulario pesara más que un “sí” en mi corazón

En una de esas subidas al NICU, después de los 3 minutos de lavado de manos, me encontré con una enfermera parada al lado de la incubadora. Enseguida tuve una sensación extraña. Según ella, la bebé tenía rasgos que parecían ser específicos de otra raza, y le estaba tomando fotos para conversar con la trabajadora social del hospital. La raza a la que ella se refería era una de las que, en aquel formulario de aceptación que tanto me costó llenar, había quedado en la columna de “no”. (aqui te cuento mas sobre eso)

Llegó la trabajadora social del hospital. Las dos se apartaron y conversaron. Al ver esto y en modo pánico, salí de ahí, y llamé a nuestra trabajadora social. Enseguida me respondió y me dijo que ya venía en camino, al notar el nivel de estrés en mi voz me recomendó que me diera una vuelta, que intentara comer algo.

Yo estaba sola. No sabía qué pensar, con el estómago revuelto. Empecé a caminar por todo el hospital, salí a agarrar aire y ahí me vinieron mil escenarios a la cabeza. A mí lo único que me importaba era estar con mi bebé. No me interesaba más nada. Para mi ella era mi hija fuera de la raza que fuera.

Aunque no quería crear pánico, llamé a mi esposo, necesitaba alguien que me escuchara. El pobre a dos horas de camino sin mucho que hacer y mucho menos que decir, quedo más confundido que yo.

Cuando me encontré con nuestra trabajadora social, me mostraron las fotos que le habían tomado a la bebé y me explicaron cómo ciertos rasgos habían confundido a la enfermera. Al final fue todo un malentendido, un trago amargo que no vi venir.

24 horas y mi fortaleza empezaba a quebrarse

Al cabo de un par de horas llegó mi esposo con mi suegra. No toqué el tema del malentendido, creo que mi reacción en ese momento fue mejor pasar la página, sabía que el tiempo que mi suegra iba a pasar con nosotros era muy corto, pues ella solo estaba haciendo escala y continuaba su viaje. Así que fuimos directo a ver a la bebé. Después de la visita fugaz, mi esposo volvió a salir para el aeropuerto.

Luego de despedirlos, pasé por la habitación de la mamá biológica y continué mi camino al NICU. Era momento de la ronda del doctor, lo primero que noté al entrar era que había varias personas alrededor de la incubadora. Escuché lo que decían atentamente y lo que logré entender es que parecía tener una pequeña complicación y que tenían que hacerle unos exámenes médicos.

Ya ahí no podía más, en ese momento solo me senté en la silla, me puse las manos en la cara y lloré. No les pregunté nada. Y a pesar de que me explicaban yo no escuché. Yo solo lloraba. La enfermera de turno me vio tan afectada, que trató de consolarme, y ahí le conté un poco cómo habían sido las últimas 24 horas. Ella muy conmovida me consiguió un cuarto en el hospital donde podía darme un baño, acostarme y esperar a mi esposo.

Y así lo hice. Me fui a la habitación, y ahí me dejé llevar por mis sentimientos, dejé salir todo lo que tenía por dentro que no sabía.

La cuenta regresiva: el consentimiento de adopción

Al despertar al día siguiente, nos informaron que ya tenían programado darle de alta a la mamá biológica. La cuenta regresiva de las 48 horas ya se acercaba a su final. En teoría, ella podía firmar el consentimiento de adopción cuando fuera dada de alta o 48 horas después del nacimiento. La trabajadora social nos recomendó quedarnos en el NICU con la bebé, y ella nos llamaría cuando fuera el momento. 

Nosotros mientras tanto, nos dedicamos a buscar dónde vivir por un mes ya que nuestra casa quedaba a 2 horas del hospital, y dejar a la bebé sola en el hospital simplemente no era una opción para nosotros. Por suerte, encontramos una casita justo a la vuelta del hospital. Ya solo quedaba ir a recoger nuestras cosas… y a nuestra perrita. 

El reloj parecía haberse detenido, a pesar que también tuvimos papeleo que arreglar nosotros por nuestro lado, las horas pasaron muy lento. Cuando ya cayó la noche finalmente nos llamó la trabajadora social. Nos informó que la mamá biológica había firmado el consentimiento de adopción. 

Aún faltaban visitas en casa y la audiencia frente al juez. Pero ese día nos darían la custodia temporal de nuestra hija, legalmente ese era el primer gran paso para nuestra familia.

El amor por la bebe cruzó nuestros caminos, y también nos despidió

Una vez terminamos de firmar los documentos fuimos a despedirnos de la mamá biológica. Hablamos con ella un rato, conversamos de lo que teníamos planeado para el futuro, de cómo íbamos a cuidar a la bebé, de nuestros sueños para ella. Le prometimos que siempre sabría de dónde venía, y del amor que ella sentía por la bebe. Nos abrazamos y nos despedimos.

No la vi irse. Salimos de la habitación a ver a la bebe y cuando salimos del NICU, con la mirada la busqué, con la esperanza de desde lejos darle un adiós sin palabras. Pero no ocurrió. No la he vuelto a ver desde ese día. 

Esa noche, 48 horas después salimos del hospital con una mezcla entre felicidad, esperanza e incertidumbre de lo que venia, porque la historia no terminaba ahí… apenas comenzaba una etapa donde cada gramo ganado era motivo de celebración: la vida en el NICU.

Gracias por leerme

Melli

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