Todo empezó muy similar a la primera vez… lo cual de alguna manera me hizo pensar que conocía el camino, pero me sentía un poco diferente. En este proceso de adopción conocí otro tipo de ansiedad, aunque para ese momento no sabía que eso era lo que estaba sintiendo.
Para empezar mi sueño de ser mamá ya se había hecho realidad, pero tenía muchos miedos internos, dudas e incertidumbres entrando a este nuevo proceso, temía que de alguna manera no tuviéramos la misma suerte, y me preguntaba constantemente ¿será que nos escogeran otra vez?, me preocupaba el hecho de que esta adopción no se diera por diferentes razones, que en realidad estaban solo en mi cabeza.
Y es que había escuchado que, casi siempre, las madres biológicas prefieren a familias sin hijos… Nosotros ya éramos una familia de tres, por lo que erróneamente me convencí de que de ser escogidos, la espera en este proceso sería más larga.
Una vez tuvimos esa primera cita, el proceso de adopción siguió muy similar al primero. Me dieron mi lista de documentos por entregar, y rapidito entregué todo. Al cabo de un mes ya estábamos asistiendo a nuestras citas individuales con la trabajadora social.
En esta ocasión nos asignaron a una trabajadora social diferente a la que nos acompañó en nuestro primer proceso de adopción. Desde el día que la conocí sentí mucha afinidad con ella.
Ella también había pasado por un proceso de adopción para llegar a su hija, así que nuestras citas eran más como conversaciones de dos mamás que compartían experiencias.
Con cafecito en mano nuestras citas fueron muy amenas; sentía que podía hablar con más libertad.
Recuerdo que en una de esas conversaciones me hizo una pregunta que todavía no se me borra de la mente. Me miró muy tranquila, con papel y lápiz en mano y me pregunto:
¿Cómo piensas manejar tu rutina teniendo dos hijos, conociendo cómo eres tú?
Su inquietud venía de que, con un recién nacido y una niña pequeña, el ritmo de vida iba a cambiar, ya que no era lo mismo uno que dos.
Pero yo, en ese momento, no entendí muy bien la pregunta. A decir verdad me pareció un poco incoherente. ¿Cuál era la diferencia? Para mí era muy sencillo, seguiríamos con el mismo ritmo, solo que ahora tendríamos un coche doble y dos sillas de bebe en el carro. Algo así le respondí. Recuerdo que sonrió… pero no me dijo nada. Un tiempo después entendí muy bien esa pregunta.
A diferencia del proceso anterior, en donde nos preguntaban qué tipo de padres creíamos que seríamos, en esta ocasión ya éramos padres. Las preguntas estaban enfocadas más al tipo de paternidad que estábamos practicando, hablamos de anécdotas y experiencias de criar a nuestra hija.
Algo que me gustó mucho de este segundo proceso fue que estudiar sobre la adopción ya no era algo opcional, sino algo que formaba parte del proceso. Nos dieron una lista de cursos y libros que debíamos completar y al final debíamos entregar resúmenes de cada uno.
Un cambio que no me gustó tanto fue el del libro de perfil familiar. Esta vez debíamos hacerlo a través de una compañía especializada. Aunque trataron de ajustarse a lo que queríamos, tenían sus políticas y procedimientos y siento que eso le quitó un poco de autenticidad.
El primer libro yo lo había hecho con mucha ilusión, seleccionando cada palabra y cada foto mientras contaba la historia. Este segundo se sintió un poco menos nuestro, a pesar que nosotros mandamos la información, cada párrafo venía con pequeños ajustes de edición, quitándole un poco el tono que sentíamos en ese momento.
Tres meses después de nuestra primera cita para el home study ya teníamos todo listo. Solo faltaba la visita de la trabajadora social a la casa. En esa visita conocería nuestro hogar, y también tendría su primer encuentro con nuestra hija, quien estaba esperando con mucha ilusión contarle cómo iba a ser ella de hermana mayor.
Fue ahí cuando las vi conversando en el cuarto, sentadas en la mesita de muñecas que no sé por qué se me metió entre ceja y ceja que necesitábamos mudarnos. Según yo, el hecho de que no teníamos un cuarto separado para el futuro bebe nos hacia aun menos atractivos como familia. Sentí como si se veía que nuestro mundo solo estaba hecho para nuestra hija y de alguna manera debía mostrar que estábamos listos para crecer nuestra familia.
A decir verdad, me costó un poco convencer a mi esposo, pero de tanto insistir no le quedó de otra que decirme que sí y comencé mi búsqueda. A pesar de que la trabajadora social me recomendó que no lo hiciera, que no me pusiera a inventar, por que ya teníamos todo listo. Yo pensé: “Faltan todavía como dos años de espera… cuando llegue ese momento, entonces revisamos el home study y ya”.
Al cabo de un par de semanas conseguimos nuestra nueva casa. Cada habitación tenía su dueño, y eso de alguna manera me hizo sentir más tranquila. Sentía que todo iba tomando forma. El pequeño detalle es que la casa necesitaba algunas renovaciones… pero una vez más pensé lo mismo: no pasa nada, tenemos tiempo.
Nos enfocamos en el papeleo de la compra de la casa, algo que ocupo mi mente mientras la espera, unas semanas después, a mediados de octubre, el día siguiente que firmamos los papeles de compra, llamé a la agencia para empezar el proceso del cambio del home study.
Y… Sorpresa… Cuando llamé, pedí hablar con nuestra trabajadora social, pero me contestó directamente la directora de la agencia. Y antes de que yo dijera una sola palabra, me dijo:
¡Qué bueno que llamaste! Justo estábamos por llamarlos. ¿Estás con tu esposo?
Sentí que el corazón se me iba a salir del pecho. Llamé a mi esposo y lo agregué a la llamada… y entonces escuchamos esas palabras que otra vez cambiarían nuestras vidas…
“Una pareja los ha escogido como familia para su bebé”.
Solo habían pasado cinco meses desde la primera cita… y esas palabras le dieron un nuevo giro a nuestra historia.
Gracias por leerme
Melli









Dios y tu angel de la guarda dijeron, vamos a ayudarlos para que los “pck us” se lo merecen son una extraordinaria pareja, . Dios los bendiga siempre mis siempre niños
Yaya