Cuando comenzamos el camino de la adopción, pensaba que el resultado de este proceso era poder cumplir nuestro sueño de ser padres, formar una familia ofreciendo un hogar, estabilidad, amor y cuidado a niños que no lo tenían. A medida que fui entiendo el proceso, lo primero que me di cuenta fue que la manera que el mundo presenta la adopción no siempre es correcta.
Hay mucho amor detrás de la adopción que va más allá del amor que comienza con el Adoption Triad (los padres biológicos, padres adoptivos y el niño). También hay amor de las trabajadoras sociales, de las familias extendidas, de los amigos, de las personas que Dios va poniendo en el camino para que el proceso fluya, de las enfermeras en el hospital, del abogado, del juez…
Cuando llegaron mis hijos entendí que ellos venían no solo a cumplir mi sueño, sino también a enseñarme lo que significa amar sin condiciones y a transformar mi vida de formas que ni siquiera había imaginado.
La adopción no cambió mi esencia como persona, pero sí expandió mi corazón y mi mente de maneras que no se como explicar. Empezó derrumbando prejuicios, cuestionando ideas y conceptos que la sociedad me había inculcado, y continuó mostrándome tipos de amor que no conocía.
Los caminos hacia mis hijos vinieron cargado de emociones intensas, mucho papeleo y momentos que parecían sacados de una película. De todo esto me quedaron lecciones importantes, y hoy quiero compartir con ustedes las que en mi opinión más resaltan.
💙 El gran concepto erróneo de que los niños no son queridos por sus padres biológicos
Para mí, este ha sido uno de los descubrimientos más grandes de la adopción. Estoy segura de que muchos han escuchado la idea de que los niños en procesos de adopción no fueron queridos o deseados, y que los padres adoptivos vienen a “salvarlos”.
No puedo hablar por todos los casos, solo por mis experiencias con mis dos hijos. Con toda certeza puedo decir que este no fue nuestro caso. Mis hijos fueron profundamente amados desde el primer momento por sus padres biológicos, tanto así que ellos crearon un plan para asegurarse de que tuvieran un futuro lleno de oportunidades, amor y cuidado.
A través de nuestros procesos fuimos testigos de como basados por un amor incondicional y nada egoísta, los padres biológicos cuidadosamente nos escogieron y dibujaron una parte del destino de sus hijos.
♥️ El ADN no define nuestro amor
No recuerdo bien quién me lo dijo, sinceramente creo que una parte de mí prefirió bloquear ese recuerdo, pero sí recuerdo que en una conversación me preguntaron cómo se podía amar a alguien que no llevaba tu sangre.
Me pareció una pregunta muy superficial y fuera de lugar, pero recuerdo que respiré profundo y les respondí con ejemplos de amor que no están atados a la genética.
Mi esposo, siendo mi ejemplo principal, es mi gran amor, mi príncipe azul. El primero que está lejos de tener mi ADN pero a quien amo profundamente. Aquel que escogí para ser mi compañero en este camino de vida.
Mis amigos, que son mi familia escogida, algunos han estado a mi lado desde pequeña, otros se sumaron ya de adulta, y también forman parte esencial de mi vida.
Para nosotros el tema del ADN no inició el amor por nuestros hijos. Antes de tomar el camino de la adopción, ya dentro de nosotros crecía el amor por estas personitas que no conocíamos, que no tenían rostro, que en ese momento eran solo un sueño.
Ese amor solo fue creciendo con cada cita en la agencia de adopción, con cada formulario firmado, e incluso en medio de la incertidumbre y la espera.
💜 El tiempo y el plan de Dios son perfectos
Sin lugar a dudas, el aprendizaje más grande que me dio la adopción fue confiar en el tiempo y el plan de Dios.
Antes de comenzar este camino, pensaba que formar una familia era un proceso lineal, casarse, embarazarse, ver los hijos crecer, vivía confiada que así sería.
Cuando el camino se comenzó a trancar no tenía la madurez para entender que esos obstáculos no eran casualidad, sino desvíos que Dios no iba poniendo hacia nuestro camino. Con el tiempo aprendí que hay que confiar en su plan y su tiempo.
Los caminos a mis hijos me abrieron no solo el corazón, sino también la mente. Me enseñaron que cada paso tiene su propósito, que cada etapa es parte del plan. La espera, la incertidumbre, el papeleo, las entrevistas, las llamadas inesperadas… todo llegó en el momento que tenía que llegar, todo nos fue preparando, eran como ingredientes de esta receta de vida que nos preparó Dios.
Sé que cada experiencia de adopción es diferente y única, y estas son las lecciones que aprendí basándome en mi propio camino. De alguna manera espero que mis aprendizajes puedan inspirar y acompañar a quienes buscan formar su familia, y también sirvan para educar y mostrar que la adopción va mucho más allá de los conceptos erróneos y de esas ideas antiguas que la presentan como un acto excluyente o de caridad.
La adopción está basada en el amor y la conexión, también trae consigo mucho aprendizaje, une corazones y crea lazos desde el respeto, la intención y el cariño profundo.
Cada historia tiene su propio valor y belleza, y cada paso en el camino tiene un propósito que transforma las vidas de todos los que formamos parte de ella.
Gracias por leerme
Melli








