Amor en forma de despedida

Llegó el día en que se cumplirían las 48 horas para la firma del consentimiento de adopción. Con la experiencia que ya habíamos vivido con nuestro primer proceso, ya más o menos conocíamos la dinámica y habíamos adelantado lo que podíamos del papeleo para tratar de facilitar ese momento. 

Esa mañana nos arreglamos muy temprano. Pasamos por la recepción del hotel e hicimos el check out. Aunque las 48 horas no se cumplirían sino hasta final de la tarde, el plan era estar en el hospital todo el día, así que preferimos dejar esa tarea lista.

Llegamos al hospital cuando apenas amanecía. El estacionamiento estaba casi vacío, recuerdo que el aire todavía tenía ese “mist” fresco de la mañana. De alguna manera todo se sentía más silencioso que el día anterior. Como con más calma, o a lo mejor esa era mi percepción. 

Traíamos café y donas para desayunar con los papás biológicos, y, tal como hicimos el día anterior, nos fuimos directo a la habitación. Pero justo antes de entrar, las enfermeras nos detuvieron. Muy sutiles, nos explicaron que habían preparado una habitación para nosotros. 

A decir verdad no nos dijeron mucho más. Solo nos pidieron que esperáramos allí. Les entregamos las donas y el café para que se los llevaran a los papás biológicos, y entramos a la habitación. Estábamos muy desconcertados. Llamé a la trabajadora social, quien me explicó que ya estaba en camino y que, al llegar, nos daría más detalles.

Esa habitación se sentía tan grande, tan vacía. Recuerdo que estábamos nerviosos, caminábamos de un lado al otro, tratando de no imaginarnos escenarios, pero llenos de incertidumbre. Al cabo de un rato llegó la trabajadora social y nos comenzó a explicar.

La mamá biológica ya estaba lista para ser dada de alta. Los documentos de consentimiento de adopción se firmaban cuando se cumplían las 48 horas o cuando le daban de alta a la mamá biológica. Por eso nos habían pasado a otra habitación, ellos habían pedido estar con el bebé a solas para despedirse.

Recuerdo que ese momento sentí una mezcla de emoción y tristeza, aquí mientras lo escribo no puedo evitar revivir ese sentimiento. Teníamos mucha emoción porque ya estábamos más cerca de recibir la custodia temporal, lo que significaba poder irnos a casa con el bebé y comenzar nuestra vida como familia de cuatro. Pero, al mismo tiempo, no podía dejar de pensar en el dolor que debían estar sintiendo los papás biológicos.

Estos momentos que compartimos juntos fuimos testigos del amor tan profundo y desinteresado que sentían por el bebé. Pero enfrentaban una decisión muy difícil, que se basaba en su deseo de darle un mejor futuro, aun cuando no iban a formar parte de el.

La trabajadora social salió a buscar unos documentos y nos dijo que regresaría lo más pronto posible. El tiempo pasaba y no teníamos noticias. Seguimos esperando en la habitación hasta que nos informaron que se habían demorado porque la mamá biológica debía normalizar su presión arterial antes de recibir el alta, pero que ya se había normalizado. 

Un poco después nos trajeron al bebé. Por primera vez estábamos los tres juntos. Por primera vez sentí que podía cargarlo, apapacharlo, hablarle, besarlo todo a la vez. Pudimos soltar todo eso que veníamos soltando de a poquitos. Fue un momento muy especial para los tres.

Las horas comenzaron a pasar y seguimos en la habitación, Llegó la hora del almuerzo y las enfermeras entraron a chequear al bebé, pero aún no tenían información para nosotros. La trabajadora social nos confirmaba que seguíamos esperando la firma de los papás biológicos.

Ya habían pasado alrededor de cinco horas desde que nos dieron la habitación. La calma que sentía en la mañana ya se había marchado, ahora el sentimiento era totalmente de incertidumbre. Estábamos los tres juntos, pero sabíamos que todo dependía de esa firma.

Finalmente, entró la trabajadora social con los documentos firmados. Nos explicó que la demora se debía a que al papá biológico lo habían tenido que atender de emergencia por un posible infarto. Gracias a Dios no lo fue, el papá biológico había sufrido un ataque de pánico.

Fue un momento muy difícil para ellos, no puedo llegar a imaginar todo lo que sintieron, pensaron, dudaron. Pero al final firmaron los papeles de adopción con fe de que estaban tomando la mejor decisión para el futuro de su bebé.

La trabajadora social continuó diciéndonos que los papás biológicos estaban afuera de la habitación, que les gustaría despedirse de nosotros y del bebé. Le dijimos que sí, que por supuesto, nosotros también queríamos verlos y despedirnos.

Entraron, en sus rostros se les notaba cuán difícil había sido la decisión. Nos abrazamos en silencio, no hubo mucho cruce de palabras en ese tiempo que estuvimos juntos. Creo que en silencio nos comunicabamos perfectamente, sabíamos que estábamos sintiendo. Ellos se despidieron del bebe, cruzamos un par de palabras y después de unos minutos nos despedimos.

Así fue que emprendimos camino a casa, después de vivir ese momento lleno de amor. Un momento que revivo con mucho sentimiento, que me llena el corazón, y que dio inicio a nuestra vida como familia cuatro. 

Gracias por leerme

Melli

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