El regalo más esperado del Niño Jesús

Era un martes común, muy rutinario. Nos despertamos un poco trasnochados porque el día anterior, después de la firma de los documentos de la nueva casa, nos habíamos reunido con nuestros seres queridos para celebrar entre pizzas y refrescos. Nos arreglamos para nuestro día y cada quien salió a su destino. Pasé a dejar a mi hija al colegio y luego camino a la oficina.

En mi cabeza tenía muchos pendientes, pero el que más vueltas me daba era llamar a la agencia para empezar el proceso de actualización del home study. Quería encontrar el momento perfecto para hacer la llamada, aunque en el fondo lo iba aplazando. La verdad me daba un poco de pena: la trabajadora social me había aconsejado esperar a buscar casa nueva después de la llegada del bebé, pero yo no lo hice. Quería que fuéramos más atractivos como familia, y también tener todo listo para cuando llegara nuestro nuevo integrante.

Finalmente, al final de la tarde, cerré la puerta de mi oficina y tomé el teléfono. Después de saludar a la recepcionista, pedí hablar con nuestra trabajadora social. Me pusieron en espera y, de pronto, quien contestó no fue ella, sino la directora de la agencia.

Recuerdo su voz llena de emoción. Me dijo que estaban justo por llamarme; de hecho, pensaban hacerlo el día anterior, pero un imprevisto lo había retrasado. Luego me preguntó si estaba con mi esposo… y ahí, el corazón se me paralizó por un segundo. Lo llamé enseguida.

Mi esposo trabajaba en un banco, así que era raro que habláramos durante horas laborales, a menos que fuera una verdadera emergencia. Tardó un poco en contestar, y mientras escuchaba el teléfono repicar, mi mente se llenó de posibilidades. Me imaginé todos los escenarios: desde la posibilidad de salir corriendo en el carro ese mismo día (como en nuestra primera adopción), hasta la posibilidad de que fueran… ¡twins!

En cuanto contestó, lo uní a la llamada. La directora, junto con la trabajadora social, comenzaron diciéndonos que habíamos sido escogidos. Una pareja nos había elegido como familia para su bebé. Nos dieron algunos detalles pero la información más específica nos llegaría por correo electrónico, junto con los documentos que debíamos firmar de aceptación.

Salí de la oficina con una sensación indescriptible, como si caminara sobre nubes. Fui directo a buscar a nuestra hija al colegio y de ahí nos encontraríamos con mi esposo en casa de mis papás.

Él llegó primero y me esperó en el estacionamiento. Nos bajamos de los carros y, con lágrimas en los ojos, nos abrazamos los tres. Nuestra hija no entendía mucho qué estaba pasando, pero le decíamos emocionados que sería una hermana mayor.

Entramos a casa de mis papás, con el corazón lleno para compartirles la noticia. En mi familia la navidad siempre ha sido la época más especial, en donde desde los más grandes hasta los más pequeñitos esperan con ilusión la llegada del Niño Jesús.

Así que llenos de emoción les dijimos…¡Este año el Niño Jesús nos traerá el mejor regalo! Vamos a ser papás de un niño que nacerá el 21 de diciembre.

La siguiente semana pasó volando. De tener “todo el tiempo del mundo”, de repente teníamos solo ocho semanas para prepararnos: préstamos, remodelación de la casa nueva, venta de la otra, mudanza… pero, sobre todo, la cita más importante de todas: nuestra segunda cita a ciegas.

La cita donde conoceríamos a los padres biológicos de nuestro futuro hijo.

Gracias por leerme

Melli

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