Oficialmente familia de cuatro

Me parece increíble pensar que fue apenas en mayo del 2017 que volvimos a cruzar la puerta de la agencia de adopción. Era nuestra segunda vez, y aunque lo hacíamos llenos de ilusión por crecer nuestra familia, en el fondo no tan fondo sentía como un miedito, de alguna manera no quería tentar la suerte. A mi parecer nos había ido tan bien en la primera experiencia que me costaba creer que la misma suerte podría repetirse. 

Recuerdo que investigando, fue que me convencí que nuestro camino era la adopción a través del estado. Según yo, de alguna manera este camino era más “seguro”. 

Pero como siempre, Dios tenía su estrategia y fue moviendo sus fichas, y nosotros nos dejamos llevar. Siempre confiados pero con ese sustito por dentro. 

Y gracias a ese plan de Dios, siete meses después de esa cita en mayo, estábamos llegando a casa con nuestro hijo, llenos de amor y super emocionados por presentarlo a su hermana mayor, quien esperaba ansiosa nuestra llegada. 

Mientras estuvimos en el hospital esos dos días, no tuvimos cabeza para pensar en todas las reparaciones de la casa que habían quedado pendientes, o mejor dicho, habían pasado a segundo plano. La realidad era que al regresar con el bebé tendríamos la visita final de la trabajadora social. La visita que sería nuestro último requisito en el proceso antes de presentarnos frente al juez.

Pero lo que no sabíamos es que al llegar esa noche mi familia nos esperaba con una sorpresa. Como verdaderos duendes de Navidad, habían hecho todo el trabajo casi que a escondidas de nosotros. No solo habían terminado las reparaciones más esenciales, sino que también decoraron la casa completa de Navidad para darle la bienvenida a nuestro regalito del Niño Jesus. 

Esa primera noche fue mágica. Recibimos la visita de mi familia y de mis amigas, fue un momento tan especial que se quedó grabado en mi corazón. Puedo decir con toda certeza que esa ha sido la navidad más especial que he vivido hasta ahora. 

Las siguientes semanas fueron semanas de ajuste de rutina familiar, con cambios de horarios, cansancio y trasnochadas, juntos todo el día, durmiendo los cuatro en la misma habitación y muchas veces hasta en la misma cama. 

En términos generales la adaptación estuvo fácil, hasta que se acabaron las vacaciones de diciembre y empezó el año nuevo, ahí entendí perfectamente aquella pregunta que me hizo la trabajadora social en una de nuestras citas ¿Cómo piensas manejar tu rutina teniendo dos hijos, conociendo cómo eres tú?. Tuve que bajar mi ritmo y aprender a manejar el trabajo remoto con un bebe recién nacido, con mi hija en el preescolar y mi esposo de vuelta full time a su trabajo. El cambio de una hija a dos hijos me hizo cambiar todos mis planes de rutina y aprender a ir resolviendo como fuera el día.

Pasaron cuatro meses y ya todo el papeleo legal estaba finalizado, el abogado nos había llamado para informarnos que teníamos fecha en la corte, para el veredicto de adopción. Esta vez tuvimos la suerte de que mis suegros estaban de visita, así que fuimos todos juntos, mis papás, mis hermanos, mis suegros y nosotros cuatro.

Llegamos al edificio de la corte confiados que ya sabíamos cómo era el proceso, pero las cosas habían cambiado un poco. Al llegar nos dirigieron a otra parte del edificio, esperamos un rato en el pasillo y luego nos hicieron pasar a una sala de corte tal como se ve en las películas, dónde está el juez enfrente, las mesas de defensor y acusado, y nosotros sentados en las sillas del público esperando que llamaran nuestro caso, junto con nuestros familiares y el abogado.

Era una sala corte de casos de familia, pero ese día el único caso de adopción era el nuestro. Llamaron nuestro caso y pasamos adelante, nosotros cuatro junto nuestro abogado. Nos colocamos en la mesa de la derecha, en la otra mesa nuestro abogado. La verdad no se si el lado en el que estábamos era el de defensor o acusado. Solo se que el Juez comenzó preguntándole al abogado que nos traía ese día a su corte, y el abogado expuso nuestro caso.

Después de escuchar al abogado, el juez comenzó a contarnos cómo disfrutaba recibir los casos de adopción. Explicaba que estos procesos lo llenaban de alegría y esperanza, ya que la mayoría de los casos de familia que recibía solían ser un poco complicados, casos con desacuerdos y disputas familiares. 

Continuó explicando qué significaba la adopción en términos legales y cómo este proceso nos uniría como familia legalmente. Al cabo de unos minutos, nos pidió ponernos de pie y nos hizo un par de preguntas: si entendíamos que la adopción es para toda la vida, si comprendíamos que a partir de ese momento seríamos legalmente una familia y si estábamos dispuestos a amar a nuestro hijo incondicionalmente.

Ese día, en esa sala de corte, de pie, con nuestros dos hijos en brazos, nuestras familias como testigos, y un público desconocido, dijimos el “SI” más esperado de nuestras vidas. El “SI” que oficialmente nos convirtió en la familia que somos hoy.

Gracias por leerme

Melli

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