Un año después de mi histerectomía

Qué rápido pasa el tiempo. Esta semana se cumple un año del día de mi operación. Este ha sido el primer año en que he vivido mis días sin presión abdominal, sin jalones repentinos en el vientre, sin sangrado constante, sin incomodidad. 

Tenía 11 años cuando me desarrollé, y casi que inmediatamente comenzaron las incomodidades que iban más allá de lo normal de convertirse en mujer. Recuerdo que cuando tenía 13 años, después de mucho dolor unos exámenes médicos encontraron un quiste muy grande en mi ovario derecho que posiblemente iba a requerir cirugía. 

Fue la primera vez que escuché la palabra cirugía. La doctora evitando a toda costa esa opción, me mandó reposo y medicinas, y al cabo de unos meses el tratamiento funcionó. Un tiempo después encontraron otros quistes, más pequeños esta vez, pero decidieron ponerme en tratamiento con pastillas anticonceptivas por un tiempo.

Pasaron alrededor de diez años y todo estuvo bien, hasta que ya viviendo en Estados Unidos, durante un examen anual, detectaron una infección en el cuello uterino. Recuerdo que la doctora que me atendió esa vez, fue un poco exagerada y mencionó desde histerectomía hasta cáncer.

Mis papás, sin mucho pensarlo, me enviaron a consultar con otros tres médicos, incluso viajé a Colombia para visitar una clínica de la mujer. Después de muchos exámenes, se concluyó que era una simple infección y la recomendación fue volver a las pastillas anticonceptivas.

Años después cuando estaba empezando el proceso de in vitro, llegó la miomectomía, una cirugía que nos recomendaron para remover cinco fibromas que estaban fuera del útero, los cuales podrían interferir con un posible embarazo. 

Pensé que con esa cirugía cerraria ese capítulo y por un tiempo fue así, pero los fibromas regresaron. Al principio eran pequeños y no molestaban, pero poco a poco empezaron a doler, a incomodar, a interferir con mis actividades cotidianas.

El tema de la histerectomía siempre estuvo presente, ahí rondándome, pero yo como que seguía dándole largas. Un poco por mi edad, por miedo, y si capaz hasta por la esperanza de un tercer hijo que pudiera llegar por ese camino. 

Hasta que el año pasado, en una cita para revisar mi ecografía bianual, conversando con el doctor entendí que había llegado el momento.

Recuerdo que sentí una mezcla de susto, incertidumbre y alivio. Estaba más cerca que nunca de salir de esos dolores y sobre todo del incómodo sangramiento constante. 

Así que me enfoqué en prepararme para la recuperación: leí muchos testimonios, escuché podcasts, mejoré mi alimentación, hice ejercicio. Quería estar lo más preparada posible para asegurar una buena recuperación.

Pero sentimentalmente, dentro de mí había algo que no sabía cómo procesar. Sentía una especie de rabia acumulada con mi útero. Es difícil de explicar, pero sentía que su función principal no la había cumplido, que solo había venido a generar fibromas, dolor y frustraciones. Yo ya estaba lista para despedirme de él y vivir mi vida.

Y así llegamos a ese día, el 15 de octubre del 2024, Tenía 40 años, y aunque siempre supe que este momento llegaría, enfrentarlo fue distinto. No era solo una operación, también era una despedida.

También era cerrar un tema que me había acompañado desde la adolescencia. Todas las citas médicas, tratamientos, esperanzas y desilusiones. 

En realidad en el momento no pensé que sentiría duelo, de hecho cuando leí acerca del duelo en los testimonios de la gente no entendía porque se sentían así. A mi parecer, más bien era como una luz al final del túnel.

Después de un tiempo sí llegó el duelo. Un día me di cuenta que tenía una tristeza por dentro, con ganas de llorar sin entender del todo por qué. Sincerandome llegue a la conclusión que no solo había sido una cirugía. 

Durante todos esos años, a pesar de los quistes, los fibromas y los tratamientos, médicamente no existía una razón por la cual no quedara embarazada. Y a pesar que no era algo que estaba buscando, el simple hecho de saber que podía pasar siempre se mantuvo ahí como en una parte de mi.

Con la histerectomía, esa opción desapareció por completo. La despedida de esa posibilidad me dolió.

Hoy, un año después, miró hacia atrás y reconozco que no fue fácil, creo que todas las que pasamos por ese sube y baja de síntomas, diagnósticos y emociones femeninas, siempre tratamos de hacernos ver más duras en la superficie de lo que estamos sintiendo en realidad.

Mi histerectomía vino a quitarme dolores, malestares, incomodidades, pero a la misma vez a regalarme esta nueva vida que no conocía, donde no hay dolores, ni molestias, ni chequeos médicos constantes, ni toallitas femeninas! Fue una despedida y un renacer.

Gracias por leerme

Melli

Un cafecito y algo bonito en tu inbox


Si este mensaje tocó tu corazón, tal vez también pueda tocar el corazón de alguien más. Compártelo con esa persona que sabes que lo necesita. Hay momentos en que unas palabras pueden sentirse como un abrazo. ✨

ESP